Por: Roberto Mario Chavarro

La música de acordeón de antaño (contrariamente a lo que ocurre con la -mal llamada- nueva ola) se fincó en una fuerte tendencia ambientalista que se hace necesario rescatar en los actuales momentos de sequía, deforestación, hambruna y crisis en el ámbito natural, siendo claro que esa catástrofe ha sido producto de la ambición humana que ha antepuesto sus egoístas intereses monetarios, ante la insalubridad de la madre naturaleza.

En ese sentido, para comenzar el 2016 de manera positiva, deben destacarse las siguientes obras del intelecto vallenato:

La Profesía de Julio Oñate Martínez alertando sobre las consecuencias nefastas de la tala indiscriminada de nuestros bosques.

El Verano pieza acrisolada del maestro Leandro Díaz anunciando la llegada de esa temporada, agregando por vía símil que en dicho interregno se verán los árboles llorando, viendo rodar sus vestidos.

Panorama (también conocido como Caño Lindo) por medio de la cual pregona Adriano Salas que en virtud del desequilibrio climático hasta las aves silvestres perderán su nido.

De igual forma vale la pena desempolvar del baúl de los recuerdos los temas: Campos Florecidos de Toño Salas; Las Sabanas del Diluvio de Tobias Enrique Pumarejo; Recuerdos de Don Toba de Armando Zabaleta; Cerro Verde de la autoría de Adriano Salas; La Montañita de Fabio Zuleta; La Mujer y la Primavera de Alejandro Durán; La tierra tiene sed del poeta Octavio Daza y el célebre Rio Seco de Julio Fontalvo en donde se concluye con rima perfecta:

“…ya está haciendo verano, ya se está secando el rio - ya se le está pasando aquella furia que tenía - como se está bajando, no se le escucha el zumbído - o es que no está lloviendo duro por la serranía. Ya no llueve pa la sierra, por eso es que no represa (bis). Por eso no arrastra piedra -oye mi vida- porque ya perdió la fuerza (bis).”

Aunque confieso que me he quedado corto por ser un simple amante del vallenato y no un vallenatólogo, precisamente por desconocer esas máximas elementales advertidas por nuestros juglares vallenatos estamos como estamos, cumpliéndose el pronóstico de mi abuelo paterno ROBERTO CHAVARRO ESCORCIA (q.e.p.d.) a quien le escuché decir infinidad de veces (en aquella época en donde reinaba la doctrina según la cual: un vaso de agua no se le niega a nadie): “llegará el día en que hasta el agua la venderán”.

 

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